Termostato y fuente de calor: el corazón del terrario
Un foco sin control puede pasar de 50 °C y matar a tu reptil. El termostato no es opcional. Tipos de calor, por qué las piedras calientes están prohibidas y cómo montar el gradiente.
Un reptil no genera su propio calor: lo toma del ambiente. Eso convierte la fuente de calor del terrario en lo más importante del montaje, por encima de la decoración o del tamaño. Y convierte el control de esa fuente en una cuestión de vida o muerte, literalmente.
Por qué el termostato va siempre
Un foco de calor enchufado directo a la corriente no se autorregula. Calienta, y calienta, y no para. Un punto cálido pensado para 32 °C puede dispararse por encima de los 50 °C en un día caluroso o si el foco está más cerca de lo que creías. A esa temperatura un reptil sufre golpe de calor y muere, a veces en una sola tarde mientras no estás.
El termostato corta la corriente cuando se alcanza la temperatura objetivo y la restablece cuando baja. Es una pieza de 30 o 40 euros que protege a un animal que va a vivir contigo años. No es un accesorio para “cuando puedas”: va desde el primer día, antes de meter al animal. Si tu presupuesto no llega al termostato, no llega al reptil todavía.
Tipos de calor (y el que está prohibido)
El foco cerámico emite calor sin luz, ideal para mantener temperatura de noche sin alterar el ciclo día-noche del animal. El foco halógeno da calor y luz, bueno para crear un punto de asoleo intenso de día. La manta o cable calefactor se coloca bajo una parte del suelo del terrario y aporta calor de fondo; va siempre con termostato porque el cristal en contacto puede recalentarse.
Lo que no debes usar nunca son las piedras calientes (hot rocks). El animal se tumba encima buscando calor, pero no percibe el sobrecalentamiento en el vientre hasta que ya tiene una quemadura. Provocan quemaduras graves de barriga con una frecuencia que las ha sacado de cualquier recomendación seria. Si te las ofrecen en una tienda, es buena señal para no fiarte de esa tienda.
El gradiente térmico, medido de verdad
Un terrario no debe tener una sola temperatura. Necesita un gradiente: un punto cálido en un extremo y una zona fría en el otro, para que el animal se mueva y elija dónde estar según lo que su cuerpo pida en cada momento.
Las cifras dependen de la especie, pero el esquema típico de un reptil de zona templada o desértica es punto cálido de asoleo sobre 32-38 °C y zona fría sobre 24-26 °C, con una caída nocturna de unos grados. Un anfibio quiere rangos más bajos y húmedos.
No te fíes del termostato para saber la temperatura real: ese mide donde está su sonda. Pon un termómetro de verdad en cada zona, cálida y fría, y compruébalo. Un termómetro de aguja barato clavado en la decoración miente con facilidad; un digital con sonda o una pistola de infrarrojos te dan el dato fiable. Mide, no supongas: el bienestar del animal se juega en esos grados.